miércoles, 25 de abril de 2012

TREN DE LA COSTA UN PASEO DE LUJO A UN OBJETO DE COLECCION



A 17 años de su inauguración, el servicio cada vez es usado por menos pasajeros. Las boleterías cierran, el pasaje sale diez veces más caro que en sus comienzos y sólo funcionan dos formaciones. Además, los anticuarios reemplazan a los comercios de las estaciones.
Avenida Maipú 2305, cabecera del Tren de la Costa. Las puertas principales de vidrio estaban abiertas de par en par, cubiertas de tierra. Una angosta tabla de madera y una cadena, que había pasado de plateado a cobre rojizo, trababan las manijas de la entrada lateral de la estación, ubicada sobre Ramseyer. Igual, un cartel lo advertía: “Cerrado provisoriamente por acceso avenida Maipú”.

Ese aviso, según los empleados consultados de la empresa Nuevo Tren de la Costa S.A. (del grupo Soldati), está colgado desde hace más de tres años. Fue el primer signo de abandono de un servicio que fue pensado como un paseo turístico, exclusivo y de lujo en la década del ’90, y que hoy parece estar muy lejos de esa premisa: de lunes a viernes apenas transporta a un máximo de 500 personas por día y los fines se semana viajan 1.500 en el tren, cuyo recorrido de 15.5 kilómetros se conecta con el Delta.
La cantidad de usuarios, así, desciende bruscamente. Si bien se aspiraba a unos 25 millones por año cuando se inauguró al público el 25 de abril de 1995, hoy el ferrocarril no llega a los 200 mil por año. Los pasajeros se cansaron de usarlo.

“Trabajo acá desde hace 10 años y te aseguro que esto ya no es lo mismo. Está peor, muy descuidado”, sentenció uno de los guardas de la estación Maipú, quien prefirió resguardar su nombre ante posibles conflictos laborales. “Antes había más turistas o gente que venía pasear. Ahora, sólo hay vecinos que toman el tren para ir a trabajar, o no hay nadie: es simplemente una feria de antigüedades”, agregó.
Su teoría se comprobó de inmediato. Un matrimonio entró con su hija de 12 años. Cargaban dos máquinas de escribir de hierro blanco, alemanas, de los ´70, para donar junto a unas cinco heladeras, sillones y mesas de madera. También, de colección. Las dejaron y se fueron. A su lado, se exponía un Citröen rojo remodelado.

Dos de sus cuatro escaleras mecánicas no funcionaban. Y en el segundo piso, el anticuario se ampliaba: distintas ferias venden artesanías y juguetes antiguos a precio turista. Dos ejemplos: un sillón de una plaza, $ 1.000. Un autito a escala, $ 90.

“Para mí, el Tren de la Costa perdió su magia porque los locales fueron cerrando y los pocos que quedaron son únicamente de antigüedades o restoranes. Y aumentaron el valor de los productos”, opinó Raúl Masip, un vecino de La Lucila y de 43 años, que fue a buscar unos clásicos de vinilo. La poca gente que circulaba por allí, sólo miraba. No compraba nada. Y en las dos confiterías del segundo piso, “Priscilla” y “Victoria” apenas una familia y una pareja tomaban algo. Y eso que era feriado.
Afuera, los autos pasaban de un lado al otro de la avenida, pero ninguno frenaba para ir a la estación. La hora en el estacionamiento privado del Tren cuesta $ 14.

Mientras tanto, en el andén apenas tres personas esperaban el tren. Es que las tres boleterías de la estación Maipú estaban cerradas. Según un cartel, cierran a partir de las cinco de la tarde, pero tampoco se las había visto abiertas a las tres de la tarde.
“El primer tren sale a las 7.30 y el último a las 9.30”, dijo un encargado de seguridad. Pero la gente que lo esperaba indicó que los trenes empiezan a salir a las nueve de la mañana y el último pasa a las 20. En los ’90 se había prometido que el servicio se prestaría desde las seis de la mañana y hasta las 24, con intervalos de 15 a 20 minutos.

“Hay días en que ni pasa el tren por paros. Por eso la gente se cansó y no lo toma más. Nunca sabe si el tren viene ni a qué hora. No puede asegurarse”, contó Dalia Ramos (52) de Olivos, una de las comerciantes de la feria de la estación. El problema es que según indicaron los operadores de la estación, sólo dos formaciones circulan de un lado al otro.
A las 19.30, casi dos horas más tarde de lo que indicaba la pantalla, el tren llegó. “Subí que te cobran arriba”, habló el de seguridad nuevamente. Al igual que en los ’90, se apretó un pulsador para poder subir o bajar. Sino, el tren se va sin darse cuenta que aún hay pasajeros en la estación. Aún así, no cuenta con rampas para discapacitados, y a algunas personas les cuesta acceder, ya que tienen un escalón más alto.

Una vez en el vagón, nadie controló que los pasajeros tuvieran el ticket. Tampoco había máquinas expendedoras en los andenes, donde antes se compraban los boletas a cambio de monedas. Ni se consiguieron las supuestas tarjetas magnéticas –que ninguno de las personas consultadas llegó a conocer– que se adjudicaban en los centros comerciales de las estaciones de Maipú, Borges, Libertador, Anchorena, Barrancas, Punta Chica, San Fernando y Delta. Y un cartel, indica que la SUBE no sirve para el Tren de la Costa.
“Aunque te suene ridículo y no vas a creerme, viajo todos los días en este tren desde hace 10 años, y gratis”, confesó Franco Moreyra, de 29 años, arriba del tren. “Es que nadie me cobra ni me controla cuando subo o bajo del tren. Pero voy y vuelvo de mi trabajo en Vicente López a mi casa de San Fernando sin problemas”, argumentó.

El viaje cuesta $ 10 para los residentes de Argentina y $ 16 para los turistas. Este valor es 10 veces más caro de lo que salía hace 17 años, cuando el Tren de la Costa fue inaugurado al público el 25 de abril de 1995. En sus comienzos costaba $ 1.50 de lunes a viernes; y los sábados, domingos y lunes, $ 2. Además, sigue siendo más caro que un tren común (el ticket ronda entre el $ 1,10 y $ 1,35).
Los vagones verde inglés del tren estaban pintados con graffitis de colores llamativos y grandes letras como ocurre con los de TBA. El tren sigue siendo silencioso. Pero no está “impecable” como fue presentado durante su inauguración. Las ventanas, rajadas, no se pueden abrir. Y algunos de los 80 asientos de goma blanca están descuartizados. Los pequeños recipientes que se habían hecho para tirar la basura entre los asientos ya no existen. Tampoco la música ambiental que se oía de fondo en sus primeros viajes, ni se ven todas las luminarias fluorescente funcionando. Pero para viajar gratis, la gente dice que "está bien".

El Tren de la Costa está complicado. Todos los usuarios coincidieron en el que se está convirtiendo en un complemento del Mitre de TBA. Así, está cada vez más lejos de ser un paseo turístico y exclusivo. Y se acerca más a un objeto antiguo de colección.

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